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Internos asisten a una conferencia impartida en el centro de detencion
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SAN CRISTOBAL, RD.-El Sistema Penitenciario por décadas ha sido definido como el verdadero infierno en la República Dominicana.
Desde el hacinamiento de los presos sin importar el delito fue la norma que rigió a las cárceles dominicanas.
A pesar de que aún continúan la falta de servicios como alimentación, salud preparación educativa, en la cárcel “Modelo de Najayo”, provincia San Cristóbal, al Sur de la Nación Dominicana la situación es diferente.
El centro de detención que está divido en una sección para hombres y otra para mujeres en las que se les ofrecen las condiciones que requieren los detenidos para su desarrollo.
Un ejemplo de ello, es que los presos que no saben leer y escribir son alfabetizados y aprenden un oficio técnico como una forma de reintegrarse a la sociedad.
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| Antonio Valencia |
El centro educativo que cuenta con la autorización del Ministerio de Educación se construyó en el 1996, pero no fue hasta el 2004 que es asumido por la Pastoral Penitenciaria a través del Sistema Penitenciario.
Las clases en la Universidad Ignacio de Loyola se imparten en un horario de 8:30 de mañana a 3:30 de la tarde de lunes a viernes.
En la actualidad, los presos pueden cursar las carreras profesionales de psicología, derecho, educación, agropecuaria y electromecánica debido a que el centro cuenta con la colaboración de la Universidad de la Tercera Edad (Uted), Cenapec y el Instituto de Formación Técnico Profesional (Infotep). Se espera que la universidad estatal (UASD) también se integre a la enseñanza en la cárcel de Najayo.
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Desde la izquierda el periodista Rolando Hernandez, Antonio Valencia,
Dr. Ricardo Campuso y Miguel Perez de la Comision Nacional de
Derechos Humanos de la Republica Dominicana y la Rectora del Centro Sol Maria Ines.
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“Al llegar asumí como un reto salir adelante. Me integré al centro educativo porque vi que era un oasis y comencé como facilitador en el área de la alfabetización”, afirma Antonio Valencia, asistente del centro educativo San Ignacio de Loyola.
La institución cuenta con el apoyo de la emisora Radio Santamaría en la enseñanza básica y primaria y Plan “Quisqueya Aprende Contigo” de la Presidencia de la República, así como Cenapec en la educación media y bachillerato.
“Mi función -explica- comenzó en el área de la alfabetización y educación en los niveles primarios hasta el bachillerato. Hoy en día varios de los estudiantes están estudiando derecho, psicología y educación”.
Velencia quien cumple una larga condena por narcotráfico, pero que está a punto de salir de prisión, destaca que “eso es lo único gratificante que nosotros como facilitadores tenemos en este lugar, porque lo hacemos por vocación donde no recibimos ningún pago. Es un modelo de autogestión donde nosotros los internos nos preparamos”.
“Tenemos mil 200 estudiantes de los cuales divididos en las áreas de alfabetización, básica, primaria y bachillerato”, señala Valencia, un ingeniero de profesión.
La directora del centro, la religiosa Sor María Inés, Jesuita de formación, imparte talleres de pedagogía durante todo el año a los más de cuarenta facilitadores educativos con los que cuenta el centro de formación.
“Todo esto ocurre aquí en la prisión. No hay que salir a ningún lado y muchos de los que están aquí están en la capacidad de integrarse a la parte productiva de la sociedad”, abunda.
Muchos internos -manifiesta- tienen la capacidad porque son ingenieros y psicólogos, los cuales “nos ayudan en la realización de cursos individuales”.
Los nuevos reclusos se integran a la parte educativa luego de cumplir con una preparación en relaciones humanas. Luego deben aprobar una prueba de lectura y escritura y los que serán integrados al bachillerato necesitan de su documentación.
La “población carcelaria que hemos tenido cambió drásticamente de 3,400 a 1,800 reclusos, de los cuales más de la mitad están integrados al programa educativo, solo en la parte que corresponde a la cárcel de los hombres”, sostiene.
Velencia reconoce que “el nuevo modelo penitenciario nos ha dado un poco más de dignidad y la oportunidad de realizarnos como persona para poder reintegrarnos a la sociedad”.
Juez y programa laboral
“La Ley 224-16 que rige el Régimen Penitenciario que establece el permiso laboral, el cual se está aplicando desde finales del 2014 y ocho personas se han integrado sirviendo a la comunidad”, dice Valencia.
Para ser favorecido por la ley -explica- los tenidos (termino que se usa en la prisión) deben tener sentencias menores a cinco años con una tercera parte cumplida y para mayores de cinco años una cuarta parte.
Sus casos -abunda- deben estar cerrados, que no exista ninguna apelación, es decir, que esté cumpliendo condena de manera definitiva.
Otra forma -indica- lo sería la “Garantía de Trabajo” que este certificada y pagando impuestos, lo que debe estar bajo la responsabilidad de una empresa.
Aclaró que a los reclusos se les ofrece un entrenamiento de observación durante seis meses, lo que implica una revisión de comportamiento y disciplina en el centro de detención.
“El Juez de Ejecución de la Pena, es quien la hace cumplir. El procedimiento incluye exámenes de orina, evaluaciones psicológicas y se les evalúa mediante juntas” que establece el régimen penitenciario.
El programa se ha estado aplicando y ha servido realmente. El programa no tiene límites si los reclusos cumplen con los requisitos se pueden beneficiar de visitar a sus familiares, pero acompañados de un personal de seguridad.
Antonio Valencia, quien podría ser beneficiado con el denominado programa de Ejecución de la Pena, considera que el mismo “es estimulativo porque los reclusos tratan de mantener muy buena conducta”.
“Hay un modelo penitenciario con más sentido de reintegración” en la República Dominicana, a opinión de Antonio Valencia, hijo de madre mexicana y padre colombiano quien se educó en Estados Unidos.



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