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lunes, 3 de febrero de 2020

EL COMPROMISO CON LA DOMINICANIDAD

Por Franklin Díaz
Cada dominicano, estemos en el solar o en cualquier lugar del planeta, sin importar condición social, política o económica, representamos un trocito de la Patria, y la suma de los valores y voluntades trae como resultado la fortaleza o la debilidad de nuestra Nación.
Vivir en otro país implica asumir compromisos muy serios con las leyes que allí rigen, y por amor a nuestro país de origen, debemos ser respetuosos de esas reglamentaciones, procurando ser un modelo de convivencia, porque independientemente de las razones, motivos o circunstancias que nos movieron a emigrar, siempre habrá nexos con ese lugar donde nacimos, por lo que el comportamiento de cada uno, será la carta de presentación que nos cerrará o abrirá caminos.

Cuando un dominicano se destaca, no importa dónde ni en qué condiciones estemos, todos disfrutamos y de una u otra forma expresamos nuestro júbilo, y con el pecho henchido de orgullo; dirimimos cualquier diferencia, sea política, credo o de otra índole, abrazando las causas con la pasión propia de quienes disfrutan a plenitud el triunfo de los suyos. Pero así mismo, cuando alguien se desvía, manifestando determinados tipos de inconductas, nos avergonzamos y duele porque lanza por la borda los valores de la dominicanidad.
Se estima que más de dos millones de dominicanos viven en el extranjero, muchos de los cuales han formado familias y desarrollado sus vidas bajo la tutela de otras leyes y banderas, independientemente de la distancia o vínculos con sus orígenes, y qué tan apegado nos sentimos con otras formas o estilos de vida.
Sencillamente, no hay manera de desvincular nuestros orígenes; jamás podemos deshacernos de la condición de dominicanos, por eso no importa lo humilde o encumbrado que seamos, todo cuanto hacemos, bien o mal, no sólo habla de uno como individuo, también habla mal de nuestra gente, de nuestra Patria, porque mientras estemos vivos, seremos un pedacito de la República Dominicana.

Cuando se vive fuera del país, y por alguna razón nos vemos precisados a regresar, sea de manera voluntaria o involuntariamente, siempre vamos a encajar en nuestro terruño. Aunque parezcamos extraños, nadie nos puede negar el derecho de re-admisión en nuestro suelo patrio, tampoco podrán confinar nuestros derechos, y menos aun llamarnos extranjeros.

Preservemos y defendamos la tierra, no importa donde estemos, asumamos nuestras vidas con criterios éticos y morales, conscientes de que una Patria gigante es el producto de hombres y mujeres extraordinarios, sin importar cuán lejos estén. Procuremos medir nuestros pasos para que nadie se avergüence, ni piensen en profanar la Patria que tanto esfuerzo y sangre ha costado a todos.

Reafirmemos nuestro compromiso con la dominicanidad. El simple hecho de haber nacido en este planeta, es una bendición. Pero ser dominicano es un privilegio.

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