LA INTOLERANCIA - NosotrosNJ

News:

sábado, 21 de noviembre de 2020

LA INTOLERANCIA

Por Franklin Díaz
La vida es un rebaño, donde cada uno representa una oveja, con la particularidad de que tenemos la capacidad de escoger nuestro pastor individual, que es quien marca la pauta, señala el camino y nos arrea hacia donde determinen sus antojos. Nos puede conducir a la zona de pastoreo, la puerta de salida, hacia la oveja en calor o tal ves el matadero.

Los pastores no son muchos si lo comparamos con los 7 mil 700 millones de ovejas que hay en el prado, pero sus niveles de influencia son tan grandes, que poseen “cualidades” suficientes para dirigirnos a todos, incluso, tan especiales que varios de ellos pueden hasta controlar a una sola vida.

Estos son algunos de los pastores más influyentes que existen: autoritarismo, codicia, envidia, agresividad, crueldad, ingratitud, rencor, arrogancia, egoísmo, orgullo, perfeccionismo, apatía, fanatismo, mentira, intransigencia, intolerancia, entre otros. Hoy quiero concentrarme en este último pastor (la intolerancia), cuyas características son tan particulares, que lo hace uno de los “cuidadores” más peligrosos que pueda existir.

La intolerancia persigue deteriorar la calidad de vida de sus ovejas, por lo que siempre nos crea experiencias que nos mantienen en conflictos constantes con nosotros mismos y los demás. Nos enseña a aborrecer y despreciar a todo lo distinto a nosotros, instruyéndonos de tal modo que nos volvemos inestables en nuestros vínculos sociales. Con solo alguien emitir un juicio con el que estemos en desacuerdo, nos provoca ira, nos auto excluimos, y si hay que pelear, también peleamos por eso.

La intolerancia no trabaja sola, se hace acompañar de sus subalternos: el rechazo, la incomodidad, el desprecio, el odio y el ánimo de destruir por incompatibilidad de pareceres y disparidad de criterios. Los nocivos efectos de este arriero suelen llenarnos de cicatrices emocionales, que muchas veces laceran vidas para siempre.

Que alguien tenga puntos de vistas distintos a los tuyos, no debe verse como una declaratoria de guerra, ni como un motivo para abandonar espacios o una justificación para distanciarnos de una relación sana. Todo lo contrario, debemos crecernos, muy a pesar de las discrepancias que podamos tener por tal o cual razón.

Si te sientes pastoreado por la intolerancia, te dejo una simple dinámica, que si la aplicas en una conversación con una o más personas, te puede ser muy útil: Toma conciencia de tu respiración, escucha más, habla menos, no te juzgues, no juzgues, tómate tiempo en responder, no todo merece una respuesta y al concluir una discusión, jamás pierdas de vista que tener o no razón, no te hace más grande ni más pequeño.
*Franklin Díaz es coach y conferencista motivacional dominicano.

No hay comentarios:

Publicar un comentario