Por Franklin Diaz
cpuederd@gmail.com
La delincuencia es complejo fenómeno de escala mundial, que se manifiesta por una diversidad de factores, y aunque la gente suele darle un tratamiento simplista, estudiosos de la conducta humana han planteado su vinculo con el desarrollo de hábitos antisociales, que asocian a otros con ese estilo conductual. Además plantean que se relaciona con apegos inseguros y sin limitaciones, los maltratos en el entorno familiar o que provienen de hogares con débiles estructuras, las vulnerabilidades en términos económicos y las marcadas debilidades de los sistemas educativos, etc., pero lo más preocupante es que los gobiernos, sobre todo en los países en vías de desarrollo, no terminan de aterrizar en cuanto a presentar soluciones efectivas, pues más bien se concentran en atacar al monstruo, sin tomar en cuenta que el flagelo tiene características propias del “Sueño con Serpientes” de Silvio Rodríguez: “La mato y aparece una mayor”.
El Covid-19 casi todo lo ha disparado, sobre todo la cantidad de enfermos físicos y mentales, pero además, ha habido un incremento significativo en los niveles de delincuencia en todo el mundo y esto, por lógica elemental, provoca ademá que la gente se sienta menos segura, de ahí que, se nos disparan las alertas en su máxima expresión cuando tenemos que salir a las calles, porque el dilema de no saber de dónde saldrá un delincuente con fines insospechados, desestabiliza nuestras emociones, alterando así nuestros ritmos de vida.
De lo anterior se deduce, que los efectos de la delincuencia no sólo se miden en función de lo que implica el hecho de que nos despojen de un objeto de valor, también hay que pensar en los daños colaterales de este flagelo, como lo es el imperio de la emoción del miedo, que no es más que una “perturbación angustiosa” del ánimo provocado por nuestra percepción del peligro, creyendo que el mundo es inseguro, y que que todo el que nos pasa por el lado representa peligro, pero lo cierto es que hasta tanto no retornamos a nuestros hogares, la angustia no desaparece, pero ese problema se extiende más allá, porque también nuestros familiares viven la incertidumbre.
Cuando el miedo cruza la barrera de lo normal entramos en un terreno de dificultades, porque estos temores pueden provocarnos situaciones de salud, como la ansiedad, el estrés, pérdida o descontrol en los ritmos del sueño, pero además, puede distorsionar nuestro accionar diario, provocando bajo rendimiento en nuestras actividades rutinarias.
El miedo puede ser provocado por causas reales o imaginarias, pero la delincuencia es una realidad, por lo que, mientras las autoridades logran tomar las medidas pertinentes, a nosotros nos corresponde tomar nuestras propias medidas, porque conforme la opinión de algunos expertos en la materia, el miedo puede tener mayores implicaciones negativas que la delincuencia en sí misma, de ahí que, se hace necesario considerar algunas previsiones para afrontar esta emoción.
Lo primero que se debe hacer es, tener en cuenta lo que los psicólogos denominan “estrategias de afrontamiento”, que es tomar en cuenta algunas variables para dar respuesta mental a determinadas acciones que podamos experimentar. Esto es, apartarnos de una determinada situación desde el punto de vista emocional, que sería, no visualizarnos como víctimas, sino más bien, asumir que tenemos diseñadas estrategias para salir ileso ante una eventualidad delictual, con lo cual no daremos aquiescencia para que la mente divague. En síntesis, esta técnica lo que hace es que nos empodera frente al miedo y nos hace verlo como un aliado, haciéndonos mirarla de una manera distinta, convirtiéndolo en nuestro aliado.
Un segundo aspecto que sugieren los expertos, es que tan pronto como hemos podido identificar la presencia de la emoción del miedo, tenemos que evaluar si ese sentimiento es cónsono con la realidad o más bien, nuestra mente se está sobreponiendo demasiado. Si nos damos cuenta que el miedo tiene motivos reales, debemos actuar en consecuencia, tratando de buscar alternativas para enfrentarlo o crear las condiciones para ubicar un lugar donde nos sintamos más seguros.
Otro aspecto básico al que debemos recurrir cuando notemos que el miedo ha tomado el control de nuestras vidas, es a la respiración con el diafragma, con lo cual controlaremos el ritmo cardíaco, reduce los niveles de ansiedad y de estrés, además de que reduce la tensión en los músculos.
En conclusión, de manera personal no podemos controlar los niveles de delincuencia, pero si podemos controlar los daños colaterales que esta puede provocar, sobre todo cuando el miedo tóxico nos enreda en sus patas.
sábado, 23 de octubre de 2021
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Controle el miedo a la delincuencia
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