Por Franklin Diaz
cpuederd@gmail.com
Sigmund Freud, Padre del Psicoanálisis, define el trauma como “un aumento de excitación dentro del sistema nervioso, que este último no es capaz de tramitar suficientemente mediante reacción motriz”.
El sistema nervioso es el conjunto de células altamente especializadas, que se encargan de dirigir, supervisar y controlar todas y cada una de las funciones y actividades que se producen en los órganos y en el organismo en general. Este complejo sistema está compuesto por 100 billones de células, aproximadamente, mismas que reciben, analizan, generan, transmiten y almacenan todas las informaciones que provienen desde el interior del organismo y fuera del mismo.
El tejido nervioso, que es la masa de células que componen el sistema nervioso, tiene una función primordial, que es la de involucrarse en los mecanismos para la regulación de la conducta a través de un avanzado sistema de autogestión de impulsos nerviosos.
Cuando tenemos una experiencia externa, que nos abruma y perturba, como puede ser de vínculos afectivos, laboral, violencia psicológica o física, violación sexual, etc., el sistema nervioso reacciona, produciendo un incesante flujo de información que le perturba, de tal forma, que le provoca una sobreexcitación que limita su auto regulación. De ahí que, en el tejido nervioso se advierte una incapacidad para gestionar y dar una respuesta adecuada a esos estímulos.
Supongamos que tuvimos una relación amorosa que nos marca de manera negativa, todo eso se convierte en información que el sistema nervioso tiene que gestionar. Sin embargo, su grado de excitación le descontrola, esto a su vez activa un sistema de alarmas en nuestro cerebro cuando identifica una posible amenaza, que en este caso sería, tratar de involucrarnos en otra relación, pues todas las experiencias pasadas se acumulan, se rememoran y nos hace creer que nos ocurrirá lo mismo en una próxima relación.
Todos hemos vivido experiencias traumáticas en mayor o en menor medida y sabemos cuán difícil puede resultar una situación como esa. Los expertos concuerdan con que un trauma puede generar ansiedad, estrés, depresión, trastornos por estrés postraumático, aislamiento social y trastornos disociativos. Esta experiencia puede, incluso, marcar una vida para siempre, de modo que, al percatarnos de que estamos encerrados en un círculo traumático, lo correcto es tomar acción y si el caso lo amerita, buscar ayuda profesional.
Quien no logra dejar atrás un pasado traumático, vive constantemente reviviendo esas experiencias dolorosas que de algún modo torturan su existencia y muchas veces otros pagan la culpa, es por ello que se suele decir: los hombres o las mujeres no sirven, no hay amigos, no se puede creer en gente que coma con sal, etc. etc.
Superar un trauma a veces puede ser tan traumático como la propia situación que lo genera, y aunque no hay una clave perfecta e instantánea para superarlo, los expertos de la conducta sugieren que para superar un trauma es importante que lo convirtamos en una experiencia narrativa, es decir, procesar con normalidad lo que nos ha ocurrido y de esta forma el impacto emocional puede disminuir. En ese sentido, C.G. Jung nos dice: “Lo que niegas te somete, lo que aceptas te transforma”.
Cambiar el pasado es imposible, pero cambiar la percepción de lo que nos ocurre, es perfectamente posible, sobre todo, partiendo del hecho de que, lo que nos causa un trauma no es un evento per se, sino la forma como lo interpretamos.
domingo, 21 de noviembre de 2021
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CUIDADO CON LOS TRAUMAS EMOCIONALES
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