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En el condado de Passaic convergen tradiciones culinarias latinas multinostalgicas que forjan una identidad única en esos pueblos.
Esa gastronomía recorre calles y avenidas en todo el Estado Jardín, creando un mapa donde el mangú, ceviche, arroz con gandules, congrí, tacos, encebollado, pepián, la bandeja paisa, pupusas, baleadas, gallo pinto y sancocho de gallina de patio conviven armoniosamente.
Y no solo eso, el aroma de los sazones latinos le despierta la esperanza a cualquiera, sobre todo cuando al fondo del restaurante avistamos un arroz blanco salseado con habichuelas y carnes, acompañado de una tajá de aguacate mexicano, enriqueciendo el sabor culinario en este pedazo de suelo.
Por ejemplo, al terminar el desfile el domingo, atraído por la conquista del olor de los crustáceos, tropecé con una sopa en parihuela peruana que me puso a sudar, y hasta el ruedo del pantalón me bailaba de la alegría.
En mi recorrido magistral junto a las comparsas y el contagioso movimiento de caderas de las danzantes bailarinas cusqueñas, me deleité a través de los pueblos recorridos, porque cada restaurante y puesto de comida que pasaba, era como una especie de embajada gastronómica de un país; como un puente cultural entre nuestras raíces y el futuro que construimos aquí.
En sí, la comida es lo que mejor nos define, somos un poco de nostalgia y tradición, mezclados entre sazones y apetitos guturales que conquistan hasta al más reacio en reconocer nuestra presencia en esta gran nación. Pero eso sí, nos vincula y nos hace más fuertes.
*El autor es doctor en administración pública y gerencia estratégica.

2 comentarios:
Maravillosa descripción de nuestra comunidad. Muchas gracias por deleitarnos con este hermoso mensaje.
Excelente
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