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La arrogancia es un intento desmedido de hacerse creer que es superior a lo que realmente es, proyectando una falsa supremacía. Es una defensa mal simulada que nace del miedo y carece de fundamentos. Algunos la usan pensando aumentar el valor y ampliando su esplendor, pero en realidad sólo los limita o minimiza. Más aún, el camino a curar la altivez es corto y está al alcance de todos: humildad y sencillez, que son antídotos curables de toda arrogancia y dignifican al invocar la igualdad de los seres humanos, sin olvidar que alguien es más que otro. Porque la grandeza real de un individuo se muestra cuando escucha, aprende y reconoce sus limitaciones. Practiquemos la empatía.
La arrogancia es un intento desmedido de hacerse creer que es superior a lo que realmente es, proyectando una falsa supremacía. Es una defensa mal simulada que nace del miedo y carece de fundamentos. Algunos la usan pensando aumentar el valor y ampliando su esplendor, pero en realidad sólo los limita o minimiza. Más aún, el camino a curar la altivez es corto y está al alcance de todos: humildad y sencillez, que son antídotos curables de toda arrogancia y dignifican al invocar la igualdad de los seres humanos, sin olvidar que alguien es más que otro. Porque la grandeza real de un individuo se muestra cuando escucha, aprende y reconoce sus limitaciones. Practiquemos la empatía.
*El autor es doctor en administración pública y gerencia estratégica.

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