DR. RAMON PAGAN Mi Reflexión
rnpagan@verizon.net
Al concluir el Mes de la Herencia Hispana, queda una idea que merece repetirse sin ceremonias: nuestro idioma necesita cuidado. No por nostalgia, sino por respeto a la identidad como pueblo hispanoparlante. El español tiene su propia fragancia, una lógica que sostiene historias, memorias e incluso la manera en que pensamos. Sin embargo, en ocasiones dejamos que el idioma resbale. Sin pensar, lo mezclamos, lo encogemos, lo estiramos, lo transmutamos hasta que deja de reconocerse y termina por confundirse.
Ahora, presta atención: cuidar el idioma está lejos de ser una obstinación por la pureza; es cuidar nuestra identidad en un mundo interconectado cuya dinámica ya es irreversiblemente dependiente del multilingüismo. Es evitar transmutar nuestra esencia como lo hacen otros pueblos. Como diría un dilecto amigo: “Sin identidad, perdemos el rumbo que define quiénes somos y qué defendemos”.
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Al concluir el Mes de la Herencia Hispana, queda una idea que merece repetirse sin ceremonias: nuestro idioma necesita cuidado. No por nostalgia, sino por respeto a la identidad como pueblo hispanoparlante. El español tiene su propia fragancia, una lógica que sostiene historias, memorias e incluso la manera en que pensamos. Sin embargo, en ocasiones dejamos que el idioma resbale. Sin pensar, lo mezclamos, lo encogemos, lo estiramos, lo transmutamos hasta que deja de reconocerse y termina por confundirse.
Ahora, presta atención: cuidar el idioma está lejos de ser una obstinación por la pureza; es cuidar nuestra identidad en un mundo interconectado cuya dinámica ya es irreversiblemente dependiente del multilingüismo. Es evitar transmutar nuestra esencia como lo hacen otros pueblos. Como diría un dilecto amigo: “Sin identidad, perdemos el rumbo que define quiénes somos y qué defendemos”.
*El autor es doctor en administración pública y gerencia estratégica.

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